¿Qué es la creatividad?

Hablamos mucho de creatividad. La asociamos con los artistas, los inventores, los escritores, o las personas capaces de tener ideas sorprendentes. Pero ¿qué es realmente la creatividad? ¿Es un talento con el que nacemos o una capacidad que podemos desarrollar?

En mi libro Ideas para tener ideas, planteo una respuesta muy clara: la creatividad no es patrimonio de unos pocos elegidos. Todos tenemos un potencial creativo. Una mente creativa es, sobre todo, una mente abierta y flexible, capaz de buscar soluciones por caminos diferentes y de mirar las cosas desde nuevas perspectivas.

La creatividad empieza cuando dejamos de aceptar que las cosas sólo pueden hacerse de una manera. Nuestra experiencia es útil, pero también puede convertirse en una trampa: nos lleva a recorrer una y otra vez los mismos caminos conocidos. Crear significa atreverse a salir de ellos, admitir posibilidades nuevas y aceptar incluso aquellas ideas que, de entrada, parecen absurdas.

Por eso, la creatividad tiene mucho que ver con la imaginación, la curiosidad, la emoción, la apertura y el riesgo. No exige una inteligencia extraordinaria ni una supuesta «genialidad innata». Se aprende y se ejercita, igual que cualquier otra habilidad.

¿Y cómo funciona? Una parte fundamental consiste en establecer conexiones. Nuestro cerebro almacena experiencias, imágenes, palabras, sensaciones y conocimientos. La creatividad aparece cuando somos capaces de relacionar elementos que aparentemente no tienen nada que ver. Cuantas más conexiones establecemos, más posibilidades tenemos de encontrar una idea nueva.

Pero imaginar no es suficiente. La inteligencia también tiene un papel importante: después de producir posibilidades, debemos relacionarlas con el problema que queremos resolver, valorarlas y elegir las más adecuadas. La creatividad combina, por tanto, imaginación y capacidad de selección.

Quizá la idea más estimulante del libro sea que todos podemos ser creativos. Para ello propongo tres principios sencillos: no depender exclusivamente de la experiencia, no considerar nada como único o definitivo y desarrollar la imaginación mediante asociaciones constantes.

Así que quizá la pregunta no sea «¿soy creativo?», sino «¿qué estoy haciendo para desarrollar mi creatividad?».

Porque tener ideas no parece ser un privilegio reservado a los genios. Es, sobre todo, una cuestión de actitud, práctica y entrenamiento. Y, a veces, basta con mirar aquello que tenemos delante con otros ojos para descubrir que la idea que buscábamos estaba ahí desde el principio.