El fracaso y la experiencia
Normalmente, cuando se contrata a alguien para un trabajo sólo valoramos su experiencia positiva. Nadie pone en su currículum el historial de fracasos que acumula. Sin embargo en cualquier profesional suelen ser más interesantes sus fracasos que sus hipotéticos éxitos, porque el hecho de haber trabajado en una determinada empresa de éxito no garantiza que el individuo haya contribuido al mismo de una manera notable. Pero cuando alguien asume que ha fracasado en determinada labor, nos está diciendo también que ha aprendido muchas cosas de su fracaso.
La burbuja de Internet
Tomemos el ejemplo de la burbuja de Internet a finales de los 90 y sus rotundos fracasos empresariales. ¡Cuánta experiencia acumulada en cada uno de los grandes proyectos fallidos¡ Sólo las empresas que aprendieron de sus fracasos y supieron modificar a tiempo sus estructuras fueron luego capaces de sobrevivir y, finalmente, de triunfar.
Porque los fracasos de Internet se debieron a un exceso de optimismo y de avaricia, una ola irracional que lo invadió todo, sin dar tiempo a pensar, a evaluar racionalmente las auténticas posibilidades del nuevo invento. Una nueva economía en la que nadie quería quedarse fuera. Una locura colectiva, donde los precios de las acciones subían vertiginosamente cada día. Crecer a cualquier precio se convirtió en una doctrina para los nuevos empresarios, sin atender a ningún criterio de rentabilidad real. Hablar de dividendos era algo pasado de moda, y sólo las empresas que tenían pérdidas eran interesantes, porque aquello significaba que estaban invirtiéndolo todo en su futuro.
La lección aprendida
El resultado final fue una gran hecatombe, que dejó tras de sí infinidad de desilusiones y fracasos. Pero de esos grandes fracasos surgió mucha gente con la lección aprendida. Profesionales muy cualificados que vivieron en sus carnes la derrota, y que luego pudieron estar preparados para afrontar con posibilidades de éxito, cualquier iniciativa empresarial en el nuevo medio.
Se dice que el propio Bill Gates es partidario de contratar para Microsoft a este tipo de profesionales, que fracasaron en sus propias empresas, y que ahora que conocen el sabor del fracaso están más preparados que nunca para el éxito.