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Mis 10 predicciones de marketing para 2019

Publicidad en WhatsApp

En los próximos meses WhatsApp empezará a rentabilizar los 1.500 millones de usuarios de la plataforma. Lo hará de momento insertando publicidad en su sección de «Estados», una modalidad de mensajes que crece día a día y de la que espera sacar grandes beneficios.

 

Vídeos programáticos 

Se trata del uso de algoritmos para localizar al público objetivo, a través de una segmentación sofisticada, que permite insertar los vídeos en los lugares y momentos oportunos donde su nivel de eficacia es óptimo. En estos casos, el tiempo de visualización es de 63 segundos por vídeo, cuatro veces más que el tiempo de un spot tradicional de televisión.

 

Contenidos efímeros

Están en auge y no hay quien los pare. Los contenidos efímeros en redes sociales aumentan cada día en plataformas como Snapchat, Instagram, Facebook y WhatsApp. Mensajes, vídeos o imágenes a los que se puede acceder solo durante un periodo de 24 horas o menos. A nivel empresarial es una vía ideal para transmitir noticias de última hora.

 

Small Data

La importancia que hoy día tiene el Big Data ha dado paso al interés por el Small Data. Una propuesta de Martin Lindstrom, que desarrolló en su famoso best seller «Small Data. Las pequeñas pistas que nos advierten de las grandes tendencias».

Tuve ocasión este año de charlar con Martin Lindstrom en un evento de Oracle y de comprobar su entusiasmo por no perder el contacto con las personas físicas, a la hora de investigar las nuevas tendencias.

 

 

 

 

Social Commerce

Las redes sociales se han convertido también en un vehículo ideal para el comercio. Facebook, Instagram, Youtube y Twitter han abierto sus puertas a la venta de productos y servicios. Estas redes no solamente sirven para impulsar la decisiones de compra, sino que también pueden usarse como centros primarios de atención al cliente.

 

Mobile Commerce

Otra modalidad que crece es el Mobile Commerce, o la compra de productos y servicios a través del móvil. Son muchas ya las Apps que ofrecen la compra a través de este dispositivo. El consumidor ha perdido el miedo a comprar por Internet y cada vez más se lanza a hacerlo también desde la pantalla de sus smartphones.

 

Chatbots

La inteligencia artificial se impone cada vez más en nuestras vidas. Hacer una reserva en un restaurante, organizar nuestra agenda o contratar una nueva línea telefónica, son tareas que se hacen a diario a través de un robot. Robots que simulan una conversación con una persona y que cada vez están más presentes en nuestras relaciones cotidianas.

 

Voice Search

En la misma línea que el vídeo, cada vez más se impone la voz como instrumento para comunicarse con el móvil, a través del Siri y otras aplicaciones similares. Desde que Apple lanzó Siri, otras aplicaciones como Amazon Alexa, Microsoft Cortana y Google Assistant se han sumado a esta corriente imparable.

 

Microinfluencers

Una alternativa a los grandes Influencers, solo al alcance de la grandes empresas. Las pymes puede acceder a este tipo de influencers, que llegan con sus prescripciones a públicos muy seleccionados. Suelen tener entre 1.000 y 10.000 seguidores en las redes y su influencia es muy poderosa sobre ellos.

 

El mundo real visto con otros ojos

La Realidad Aumentada se va imponiendo en los más diversos sectores. Desde la educación a los deportes, pasando por la cirugía, la arquitectura o la publicidad. Son múltiples las aplicaciones que están ya a disposición de los usuarios en todos estos ámbitos, aportando una visión nueva al mundo real.

Las edades de la creatividad

Uno de los temas más habituales de mis charlas como conferenciante es la creatividad. Siempre sostengo que para mí no hay nadie en el mundo tan potencialmente creativo como un recién nacido, y que la infancia es sin duda la etapa más imaginativa del ser humano que, poco a poco, a medida que va creciendo e incorporándose al engranaje social, va perdiendo su oportunidad de ser distinto y de desarrollar un pensamiento creativo único y diferenciador.

Sin embargo, cuando se examinan las obras cumbre de artistas, pintores, escritores, cineastas, publicitarios, científicos, informáticos o músicos, descubrimos que no hay una edad definida para la explosión creativa. Aunque se producen algunas diferencias significativas dependiendo de la actividad.

En el caso de las modernas tecnologías es evidente que los grandes genios son casi adolescentes. Tal es el caso de Larry Page y Sergei Brin que fundaron Google cuando contaban alrededor de 23 años. O de Mark Zuckerberg, que creo Facebook a los 19. También en la música es frecuente encontrarse con niños prodigios o con grandes genios como Mozart, que compuso su Concierto para piano nº 9 a los 21 años. Pero genios como Paul Mccartney o Mick Jagger aún siguen brillando cuando ya han cumplido los 75.

En la literatura hay mucha más variedad de edades. Desde Mary Shelley, que escribió su famoso Frankestein a los 21 años, hasta Goethe que creó su obra cumbre Fausto a los 83. Hemingway escribió Fiesta a los 25 y Joyce su Ulises a los 40. Y Paul Auster acaba de manifestar que a partir de los 50 es cuando se siente en plenitud creativa.

Los grandes pintores también son longevos, pues su obra suele ir evolucionando y adquiriendo mayor empaque con la madurez. Tal es el caso de Picasso que, siendo un niño prodigio, alcanzó sin embargo su plenitud los 26 años, cuando pinta Las señoritas de Avignon y siguió evolucionando creativamente sin parar hasta su muerte a los 92 años. Velázquez pintó Las Meninas a los 57 y a la misma edad Goya pintó Los fusilamientos del 3 de mayo.

Lo mismo que con los pintores ocurre con los cineastas. Desde Orson Wells, que dirigió Ciudadano Kane a los 25 años, hasta Coppola que realizó su gran trilogía de El Padrino entre los 30 y 40, o Martin Scorsesse que a los 70 años sigue haciendo brillar su talento con películas tan espectaculares como El lobo de Wall Street.

Está claro que la creatividad no tiene edad, pero sólo se manifiesta en su plenitud en aquellos seres humanos que conservan siempre su individualismo intacto, manteniéndose al margen de las modas y las corrientes sociales y desarrollando su imaginación con la misma inocencia y curiosidad de cuando eran niños.

Los muertos de Facebook

lapida4Según un estudio de la CIA en el mundo fallecen diariamente alrededor de 154.000 personas, lo que hace un total de 56.210.000 al año. Teniendo en cuenta que uno de cada siete habitantes del globo tiene un perfil en Facebook, podríamos deducir que de los 1.000 millones de usuarios de esta red, alrededor de 8 millones pasan a mejor vida cada año.

Siempre me he preguntado si las personas fallecidas que tenían un perfil en Facebook, lo seguirían teniendo después de muertos. Y si Facebook utilizaría esos perfiles como contactos útiles a la hora de vender audiencia para sus anuncios. O sea, que cuando pones un anuncio en Facebook y defines con precisión tu target group, en el paquete de posibles contactos que te venden podrías estar también comprando los cadáveres de muchos posibles compradores de tu producto.

Está claro que el muerto no se va a encargar de eliminar su perfil en las redes sociales, y tampoco es muy probable que lo hagan sus deudos, o sus amigos más cercanos, entre otras cosas porque eliminar un perfil sin ser el propio interesado no es cosa nada fácil.

No sólo hay miles de perfiles inertes en Facebook y en el resto de redes sociales, sino que además muchos de esos perfiles siguen aparentemente activos después de la muerte del interesado. Acabo de descubrir que en Estados Unidos está de moda usar las páginas de Facebook como una especie de tumbas a las que uno puede acudir para relacionarse con sus parientes o amigos fallecidos.

Parece ser que mucha gente prefiere acudir a un página de Facebook antes que al cementerio. Y la cosa tiene cierta lógica, porque en vez de rezar al difunto, o hablar con él ante una fría lápida, es más cercano hacerlo a través de su página viva de Facebook, en la que están sus fotos, sus comentarios, sus amigos, etc. , y en la que en cierta manera el difunto sigue presente.

Uno puede seguir escribiendo al muerto con la misma ilusión con que lo hacía cuando estaba vivo, y hacerse la ilusión de que lo sigue estando y de que de un momento a otro va a recibir un mensaje directo suyo desde el más allá.

Una tal Wilma Jones en un ejemplo vivo de esta nueva relación con los muertos. Ella falleció hace ya algún tiempo, pero sus parientes y amigos la siguen enviando mensajes y compartiendo con ella todo tipo de noticias, a través de su página de Facebook. Y quién sabe si nosotros, cuando ponemos un anuncio en la red y definimos nuestro target con alguna de las características a las que respondía Wilma cuando estaba viva, no estemos también enviándole a ella un mensaje publicitario que, en este caso, está claro que va a ser dinero tirado a la basura, o mejor dicho, enterrado en una tumba.

 

 

Sobredosis de información

sobredosis informacionMe desayuno con los papeles de Bárcenas y Pedro Jota, tomo un tentempié a media mañana con el juicio de José Bretón, almuerzo en la plaza Tahrir con los indignados egipcios, meriendo con Rosa Benito y su infiel Amador Mohedano, y ceno con Julian Assange de Wikileaks y con su amigo Snowden, el de los papeles de la Cía.

Entre medias, además, me veo bombardeado de cientos de emails, tuits a los que sigo y mensajes de todos mis amigos de Facebook, Pinterest, Google + y Linkedin.

La verdad es que no doy a basto para procesar toda la información que recibo al cabo de cada día. Y me temo que lo más esencial se me va quedando por el camino. Que no acabo de entender de verdad cada uno de los temas, porque no tengo tiempo de profundizar en cada uno de ellos.

Imagino que lo mismo que a mí le pasa a casi todo el mundo. Sin embargo, escucho a la gente hablar ex-cátedra de estos asuntos, emitiendo opiniones dogmáticas sobre ellos sin el mínimo pudor. Defendiendo a capa y espada sus posiciones, que se suelen basar en informaciones superficiales, oídas aquí y allá, cogidas con alfileres.

Se está conformando una nueva opinión pública que habla siempre de oído y eso me llena de temor. Se habla de acabar con los viejos sistemas y construir un orden nuevo que será mejor para todos. Pero yo estoy lleno de dudas, porque no me creo que los cimientos culturales sobre los que estamos construyendo el futuro de las nuevas generaciones sean los suficientemente sólidos.

Pienso que nos hace falta pensar más. Siento que debemos aprender a escuchar y a reflexionar a fondo, antes de emitir juicios categóricos. Y sobre todo, creo que debemos aprender a separar el grano de la paja, antes de tomar decisiones y acometer acciones que a veces son irreversibles.