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Smartphones: nuestro maldito sexto sentido.

egiptoViendo uno de estos días en un informativo de la televisión las terribles escenas de los enfrentamientos en Egipto, donde los soldados disparaban contra los manifestantes causando cientos de muertos y heridos, mi hija Bárbara me hizo notar que muchos de los manifestantes, en lugar de preocuparse por su terrible situación se dedicaban a grabar el momento con sus smartphones.

Desde entonces he observado este  fenómeno en todos los reportajes televisivos y también en las fotos que publican los periódicos. El número de personas que, en medio de los tiroteos, se dedican a fotografiar o grabar en vídeo la escena es impresionante. Parece que ver los acontecimientos a través del objetivo del teléfono móvil quitara importancia a la realidad de lo que está pasando. Si lo estás viendo en una pantalla significa que tú no estás allí en realidad, que es como si lo siguieras desde el salón de tu casa en la pantalla de un televisor.

Da escalofríos pensar que el móvil, que ya es un apéndice más de nuestro cuerpo, un sexto sentido que añadir al gusto, tacto, vista, oído y olfato, se convierte también en un enemigo de todos los otros sentidos. Un antídoto tan poderoso que los anula a todos. Que nos aísla de la realidad de tal manera que hace desaparecer nuestras defensas, dejándonos a la intemperie de las balas de nuestros enemigos.

Sabíamos que el teléfono móvil nos aislaba y reducía el ámbito de nuestras relaciones físicas, pero nunca había pensado que lo hiciera hasta el punto de hacernos perder el sentido de la supervivencia.

Sobredosis de información

sobredosis informacionMe desayuno con los papeles de Bárcenas y Pedro Jota, tomo un tentempié a media mañana con el juicio de José Bretón, almuerzo en la plaza Tahrir con los indignados egipcios, meriendo con Rosa Benito y su infiel Amador Mohedano, y ceno con Julian Assange de Wikileaks y con su amigo Snowden, el de los papeles de la Cía.

Entre medias, además, me veo bombardeado de cientos de emails, tuits a los que sigo y mensajes de todos mis amigos de Facebook, Pinterest, Google + y Linkedin.

La verdad es que no doy a basto para procesar toda la información que recibo al cabo de cada día. Y me temo que lo más esencial se me va quedando por el camino. Que no acabo de entender de verdad cada uno de los temas, porque no tengo tiempo de profundizar en cada uno de ellos.

Imagino que lo mismo que a mí le pasa a casi todo el mundo. Sin embargo, escucho a la gente hablar ex-cátedra de estos asuntos, emitiendo opiniones dogmáticas sobre ellos sin el mínimo pudor. Defendiendo a capa y espada sus posiciones, que se suelen basar en informaciones superficiales, oídas aquí y allá, cogidas con alfileres.

Se está conformando una nueva opinión pública que habla siempre de oído y eso me llena de temor. Se habla de acabar con los viejos sistemas y construir un orden nuevo que será mejor para todos. Pero yo estoy lleno de dudas, porque no me creo que los cimientos culturales sobre los que estamos construyendo el futuro de las nuevas generaciones sean los suficientemente sólidos.

Pienso que nos hace falta pensar más. Siento que debemos aprender a escuchar y a reflexionar a fondo, antes de emitir juicios categóricos. Y sobre todo, creo que debemos aprender a separar el grano de la paja, antes de tomar decisiones y acometer acciones que a veces son irreversibles.