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Smartphones: nuestro maldito sexto sentido.

egiptoViendo uno de estos días en un informativo de la televisión las terribles escenas de los enfrentamientos en Egipto, donde los soldados disparaban contra los manifestantes causando cientos de muertos y heridos, mi hija Bárbara me hizo notar que muchos de los manifestantes, en lugar de preocuparse por su terrible situación se dedicaban a grabar el momento con sus smartphones.

Desde entonces he observado este  fenómeno en todos los reportajes televisivos y también en las fotos que publican los periódicos. El número de personas que, en medio de los tiroteos, se dedican a fotografiar o grabar en vídeo la escena es impresionante. Parece que ver los acontecimientos a través del objetivo del teléfono móvil quitara importancia a la realidad de lo que está pasando. Si lo estás viendo en una pantalla significa que tú no estás allí en realidad, que es como si lo siguieras desde el salón de tu casa en la pantalla de un televisor.

Da escalofríos pensar que el móvil, que ya es un apéndice más de nuestro cuerpo, un sexto sentido que añadir al gusto, tacto, vista, oído y olfato, se convierte también en un enemigo de todos los otros sentidos. Un antídoto tan poderoso que los anula a todos. Que nos aísla de la realidad de tal manera que hace desaparecer nuestras defensas, dejándonos a la intemperie de las balas de nuestros enemigos.

Sabíamos que el teléfono móvil nos aislaba y reducía el ámbito de nuestras relaciones físicas, pero nunca había pensado que lo hiciera hasta el punto de hacernos perder el sentido de la supervivencia.

La publicidad en Internet aún no está inventada

WWWCésar Alierta, Presidente de Telefónica, acaba de afirmar en el Mobile World Congress que “Las reglas del mundo digital aún no están escritas”.
A mí me gustaría añadir que en lo que respecta al mundo publicitario digital, la publicidad tampoco está inventada del todo, algo que vengo repitiendo desde hace ya bastante tiempo.

De hecho, el formato publicitario más exitoso en Internet son los anuncios de Google Adwords, que no son otra cosa que anuncios clasificados, o sea, los anuncios por palabras de toda la vida o, en su versión más sofisticada, los reclamos de las Páginas Amarillas.

Los famosos banners, que trasladaron a Internet el formato de los anuncios gráficos de siempre, y que al principio alcanzaron cierto éxito de respuesta por parte de los consumidores, con un 5,1% de clicks, apenas alcanzan ahora el 0,3%, lo que demuestra que su eficacia está bajo mínimos.

Otros formatos, como los virales que abundan en plataformas como Youtube, se han mostrado poco fiables como instrumentos publicitarios, ya que es prácticamente imposible determinar de antemano si tendrán o no repercusión suficiente para garantizar una difusión generadora de ventas. Ha habido algunos casos de éxito, pero nadie conoce todavía el secreto para producir virales eficaces, y la mayor parte de ellos acaban siendo un auténtico fracaso. La mayoría de los contenidos que alcanzan difusiones millonarias son producto de la creatividad espontánea de los internautas, y nada tienen que ver con estrategias de marketing y ventas.

Es cierto que han surgido nuevas formas publicitarias interesantes, como las aplicaciones gratuitas de los smartphones, o los famosos códigos QR, que sin duda tienen un gran futuro en el terreno del e-commerce. Pero la publicidad no acaba de cuajar en los teléfonos móviles, que desde hace ya diez años vienen siendo la gran esperanza blanca.

En cuanto a las redes sociales, la auténtica gran revolución de Internet, tampoco es oro todo lo que reluce. La mayoría de las empresas las usan sin saber muy bien cuál es la rentabilidad para su negocio. Saben que deben estar ahí, pero no saben muy bien por qué, ni qué es lo que consiguen con su presencia en ellas. ¿Ventas o pura imagen de marca? En cualquier caso, difícil también de medir su eficacia en ambos terrenos. Y muy difícil de manejar las estrategias correctas.