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Conferencia en la Universidad de Valladolid

Ayer, día 21 de marzo, pronuncié una conferencia sobre el Marketing del Siglo XXI en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Valladolid.

Alrededor de 200 personas, entre alumnos de la Facultad y profesionales del mundo del Marketing y la Comunicación de la provincia, asistieron al evento.

El tema central giró alrededor de los cambios producidos en la dinámica de los mercados y en el poder que los consumidores han adquirido en los últimos años, especialmente desde la llegada de Internet y la explosión de las Redes Sociales.

 

El primer Diccionario Digital

Se acaba de publicar en España el primer Diccionario Digital, que recoge todos los términos relacionados con el mundo de las nuevas tecnologías. Desde la publicidad y el marketing, pasando por las redes sociales y el branding, hasta las más sofisticadas definiciones del complejo mundo de Internet.

Un gran número de profesionales de todas la áreas, entre los que me encuentro, han colaborado con sus aportaciones a dejar muy claros los conceptos. De hecho, cada palabra cuenta con la definición de dos expertos, para que el lector pueda obtener una mayor riqueza y claridad.

El e-diccionario es gratuito y ya está disponible. Con toda seguridad será una herramienta muy útil para todos aquellos, profesionales o no, que se relacionan con el mundo de la nuevas tecnologías.

El día 1 de abril nos vemos en Zapping Village

Publicitarios siglo XXIEl próximo martes 1 de abril a las 18,30 estaré dando la charla inaugural de las I Jornadas de Social Media para Publicitarios, que tendrán lugar en el espacio Zapping Village de la agencia Zapping-M&C Saatchi, en la calle San Lorenzo, 11 de Madrid.

Mi charla se titula «Todo por inventar» y estará centrada en la situación actual de las agencias de publicidad con respecto a lo nuevos medios digitales, y muy especialmente al apasionante mundo de las redes sociales.

Si te animas, nos vemos por allí.

I Jornadas de Social Media para Publicitarios

Los próximos días 1, 2 y 3 de abril tendrán lugar en Zapping Village, calle de San Lorenzo, 11 de Madrid las I Jornadas de Social Media para Publicitarios. Tendré el honor de realizar la charla de inauguración el día 1 de abril a las 18,30.

PRSEENTACION CURSO SOCIAL MEDIA- Ponentes copia (1)[2]

Los muertos de Facebook

lapida4Según un estudio de la CIA en el mundo fallecen diariamente alrededor de 154.000 personas, lo que hace un total de 56.210.000 al año. Teniendo en cuenta que uno de cada siete habitantes del globo tiene un perfil en Facebook, podríamos deducir que de los 1.000 millones de usuarios de esta red, alrededor de 8 millones pasan a mejor vida cada año.

Siempre me he preguntado si las personas fallecidas que tenían un perfil en Facebook, lo seguirían teniendo después de muertos. Y si Facebook utilizaría esos perfiles como contactos útiles a la hora de vender audiencia para sus anuncios. O sea, que cuando pones un anuncio en Facebook y defines con precisión tu target group, en el paquete de posibles contactos que te venden podrías estar también comprando los cadáveres de muchos posibles compradores de tu producto.

Está claro que el muerto no se va a encargar de eliminar su perfil en las redes sociales, y tampoco es muy probable que lo hagan sus deudos, o sus amigos más cercanos, entre otras cosas porque eliminar un perfil sin ser el propio interesado no es cosa nada fácil.

No sólo hay miles de perfiles inertes en Facebook y en el resto de redes sociales, sino que además muchos de esos perfiles siguen aparentemente activos después de la muerte del interesado. Acabo de descubrir que en Estados Unidos está de moda usar las páginas de Facebook como una especie de tumbas a las que uno puede acudir para relacionarse con sus parientes o amigos fallecidos.

Parece ser que mucha gente prefiere acudir a un página de Facebook antes que al cementerio. Y la cosa tiene cierta lógica, porque en vez de rezar al difunto, o hablar con él ante una fría lápida, es más cercano hacerlo a través de su página viva de Facebook, en la que están sus fotos, sus comentarios, sus amigos, etc. , y en la que en cierta manera el difunto sigue presente.

Uno puede seguir escribiendo al muerto con la misma ilusión con que lo hacía cuando estaba vivo, y hacerse la ilusión de que lo sigue estando y de que de un momento a otro va a recibir un mensaje directo suyo desde el más allá.

Una tal Wilma Jones en un ejemplo vivo de esta nueva relación con los muertos. Ella falleció hace ya algún tiempo, pero sus parientes y amigos la siguen enviando mensajes y compartiendo con ella todo tipo de noticias, a través de su página de Facebook. Y quién sabe si nosotros, cuando ponemos un anuncio en la red y definimos nuestro target con alguna de las características a las que respondía Wilma cuando estaba viva, no estemos también enviándole a ella un mensaje publicitario que, en este caso, está claro que va a ser dinero tirado a la basura, o mejor dicho, enterrado en una tumba.

 

 

Esclavos tecnológicos

campesino“El hombre ya no valora las cosas por sí mismas, sino a través de las imágenes que tiene de ellas. Conoce de los hechos las imágenes seleccionadas que le sirve su aparato de televisión y forma juicios con las palabras que escucha a un comentarista. El mundo se ha hecho grande y está lejos. Y los medios de comunicación, aunque aparentemente nos acercan las cosas, lo que hacen en realidad es distanciarnos de ellas. Porque nos hacen creer que todo está ahí, al alcance de nuestra mano, y que todo podemos abarcarlo y asimilarlo. Nos proporcionan la cultura de la chapuza, de las medias tintas, de lo superficial, de lo ambiguo. Nos enseñan el arte de saberlo todo, sin saber de nada.

Un hombre medieval, en un pueblo cualquiera de Castilla, tenía un mundo pequeño, diminuto, pero familiar y conocido. Conocía el olor de su tierra y el peso de cada piedra con que había levantado su casa. Conocía a cada vecino, cada animal doméstico del pueblo, cada casa, cada árbol, cada sendero. Y aunque su mundo era muy pequeño, él estaba más cerca que nosotros del universo. Tenía una opinión de las cosas palpada, vivida, sentida y olfateada, mientras que a nosotros nos atrofian los sentidos las tintas de imprenta y los rayos catódicos de la televisión”

Escribí estas líneas en un artículo para la revista Comunicación en junio de 1975. Hoy, 38 años después, me parece que están más vigentes que nunca, porque al ruido mediático de entonces se ha sumado todo el tsunami informativo de Internet para acabar de complicarlo todo.

Tenemos a nuestro alcance toda la información posible, pero cada vez disponemos de menos tiempo para asimilarla. Así que vamos reduciendo nuestra cultura a los lugares comunes que comparten las masas. Millones de contenidos sobrevuelan nuestras cabezas, arañando nuestro cerebro sin penetrar en él.

Hemos aprendido a manejar unos cuantos instrumentos tecnológicos que nos dan la sensación de poder abarcarlo todo, pero en realidad no somos más que esclavos de esa tecnología. Una especie de varita mágica que nos acerca las cosas, pero que no nos permite tocarlas, sentirlas y asimilarlas, porque su magia es demasiado veloz para nuestra limitada capacidad de manejar el tiempo.