Archivo de la etiqueta: contenidos

Redes «antisociales»

unbaby-me-chrome-extention-1024x582Hace poco, en un artículo de El País Semanal, Karelia Vázquez hablaba de las redes antisociales, explicando que

Es una clara relación de amor odio, ya que el uso de las redes es voluntario y teóricamente se hace para satisfacer el deseo de relacionarse con los demás; pero genera también cansancio y desgana por el hecho de haberse convertido en una obligación que requiere muchas horas de permanencia ante las pantallas.

Además, esa dependencia de las redes produce importantes secuelas en muchas personas, porque según Karelia Vázquez:

1) Agobia que se nos acerquen amigos inesperados e invasivos.

2) El exceso de interacción nos dispersa y afecta a la memoria y a la concentración.
Inquieta ser juzgados por la corte de seguidores.

3) Nos tienta a maquillar nuestro día a día para dar una imagen más favorecedora de nosotros mismos.

4) Hay un riesgo de depresión por sentirse excluido de algunas citas o por comparar la fascinante vida social o profesional de los otros con la tuya propia.

5) Hay una presión para mantener un ritmo de presencia en las redes que no es cómodo para todos los usuarios.

6) Se corre el riesgo de comportamientos obsesivos.

7) Las rupturas sentimentales son más largas y dolorosas, al disponer de un escaparate para observar constantemente la vida de la ex-pareja.

Como consecuencia de esta situación de hartazgo de las redes convencionales, que sufren ya muchas personas, han surgido multitud de “redes antisociales”, algunas de ellas muy interesantes y útiles. Como por ejemplo Unbaby.me, que saca del muro de Facebook ese torrente inagotable de fotos de bebé colgadas por sus orgullosos padres. O también Cloak, una app que localiza a tus contactos en la calle y te permite así cruzarte con aquellos que no te son gratos.

Las redes antisociales están de moda y han llegado para quedarse. Son un revulsivo para contrarrestar el auge imparable de las otras redes que inundan ya casi todas las áreas de nuestra maltrecha intimidad.

El ruido de la comunicación digital

comunicacion_digital1

La comunicación digital se enfrenta a algunos problemas.

Tengo  alrededor de 16.000 seguidores en Twitter  (@agustin13) y sigo a unos 3.500. Escribo varios tweets cada día y tengo comprobado que en horarios normales un tweet no permanece más de un minuto y medio en la pantalla de mi ordenador. En las horas punta, a primera hora de la mañana, este promedio se reduce a unos 30 segundos. Ése es el tiempo del que disponen mis 16.000 seguidores para leer la información que les envío, lo que significa que sólo los que estén conectados y atentos durante esos 30 segundos podrán leer mi mensaje.

A los demás, la única opción que les queda es revisar cada día mi perfil y ver los últimos tweets para ponerse al día. Evidentemente, eso exige un esfuerzo de fidelización que no creo que hagan más del 2 ó el 3% de mis seguidores.

Este ejemplo de Twitter, con alguna flexibilidad en los tiempos, es aplicable también al resto de las redes sociales.

Luego están los contenidos. En YouTube, por ejemplo, cada segundo se sube una hora de vídeo. Y son ya más de 560 millones de páginas web las que tenemos a nuestro alcance en estos momentos.

El ruido digital es ensordecedor.  Y la basura digital que hay en los contenidos que llenan esos millones de páginas es monumental. Tanta, que es cada día más difícil escapar de la mediocridad, la comercialidad, la parcialidad o la falsedad de los mensajes.

En medio de ese mar de ruido y basura se mueven las marcas buscando al consumidor fiel con el que entablar un diálogo fructífero para sus intereses. Buscando también esos famosos océanos azules, tan de moda,  en cuyas aguas mansas se sientan libres de los ataques de la competencia. Misión casi imposible de cumplir.

Las grandes marcas generan contenidos incontrolables por parte de sus seguidores y de sus detractores. Y no hay ningún Comunity Manager en el mundo capaz de manejar esas manifestaciones espontáneas, orientándolas hacia los intereses de las marcas. La ola siempre les pasará por encima. Así que lo único que se puede hacer es dejarse llevar. Sin hacer grandes derroches en comunicación digital, manteniendo simplemente una presencia testimonial de modernidad.

En cuanto a las pequeñas marcas, todavía hay una oportunidad de actuar. Pero hay que hilar muy fino para hacerse notar en medio del ruido y la basura. Una labor de auténticos profesionales de la comunicación. Profesionales de verdad, de los que hay muy pocos.