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¿Cómo vas de imaginación?

imaginaciónEn el almacén de nuestro cerebro se amontonan todas nuestras vivencias, pero nuestra capacidad de manejarlas para resolver los problemas se ve limitada por lo que somos capaces de recordar y por nuestra falta de imaginación. . Lo que podemos recordar es sólo la punta del iceberg de nuestro conocimiento y, sin embargo, es en el conocimiento inconsciente donde está la clave de nuestra creatividad.

Manejar toda la información que almacenamos en nuestro cerebro es una tarea imposible para una mente exclusivamente lógica. Necesitamos recurrir a la imaginación para alcanzar lo más profundo de nuestro inconsciente. La imaginación es un salto por encima de la lógica, que nos permite combinar el uso de nuestros dos conocimientos y llegar así al acto creativo, al descubrimiento de las ideas.

Todos aquellos pensadores, filósofos, matemáticos o artistas, que en alguna ocasión han definido su propio proceso de creación, coinciden en que las fases de dicho proceso son:

• Aproximación al problema.
• Análisis.
• Incubación.
• Inspiración.
• Nacimiento de la idea

En estas fases se combinan la lógica y la imaginación, los conocimientos consciente e inconsciente, de una manera perfecta para dar origen a la idea. Y eso es algo que se puede aprender y que se puede ejercitar.

En el mundo del marketing, hoy más que nunca es necesario aprender a ejercitar la creatividad, porque la innovación es la clave para el desarrollo de cualquier tipo de empresa. Hay que ser capaces de inventarlo todo cada día, rompiendo los viejos esquemas y desarrollando nuevas propuestas en todas las áreas, desde el diseño hasta las estrategias comerciales.

Debemos establecer pautas para desarrollar nuestra imaginación y gestionar la innovación en nuestro trabajo diario, manteniendo siempre fija la mirada en la meta, aprendiendo de todo y de todos, trabajando con pasión y atreviéndonos con lo desconocido, porque la creatividad siempre nace del riesgo.

Aprende a ser creativo

CreatividadLos seres humanos somos esclavos de nuestras rutinas y de nuestra experiencia, y nuestra creatividad se ve coartada por la costumbre de recurrir siempre a los lugares comunes y a las respuestas correctas. Albert Einstein dejó escrito que “la imaginación es más importante que el conocimiento”, lo que pone de manifiesto que no nos sirve de mucho acumular conocimientos, si no somos capaces de desarrollar también nuestra imaginación para sacarles partido de una manera eficaz.

Todos llegamos al mundo con un bagaje creativo espontáneo que, en teoría, nos permitiría afrontarlo todo desde una perspectiva única, diferente a la de los demás seres humanos y, por lo tanto, capaz de llevar a cabo un proceso de innovación continuo en todos nuestros actos. Sin embargo, la sociedad, para integrarnos, nos enseña reglas de conducta y comportamientos similares a los de todos nuestros semejantes, lo que poco a poco va minando nuestra capacidad de ser distintos y nos va imponiendo pautas de experiencia común y de rutinas compartidas. Parece que individuo y sociedad fueran dos conceptos antagónicos, pero la sociedad avanza sólo gracias a la fuerza creativa de los individuos y por eso es muy importante que éstos sean capaces de desarrollar su potencial creativo.

Para adoptar una actitud creativa, debemos empezar por  asumir que todo es cuestión de perspectiva y que las cosas pueden ser o parecer distintas dependiendo de nuestro propio ángulo de visión.

Hay tres conceptos claves para desarrollar la creatividad:

• No confiar exclusivamente en la experiencia.

• No admitir nada como único y definitivo.

• Desarrollar la imaginación a través de la producción constante de     Asociaciones.

Siguiendo estas reglas, y siendo conscientes de que la creatividad es una actitud, podremos desarrollar nuestra creatividad hasta límites que nunca hubiésemos sido capaces de imaginar

¿A dónde se fue el talento?

IdeaToda mi vida profesional he sido un creativo publicitario. Y desde que tenía 30 años, cuando accedí a la dirección creativa de la agencia Norman, Craig & Kummel, he estado además evaluando el talento de los demás. También he sido jurado de festivales publicitarios en todo el mundo en 31 ocasiones, 10 de ellas actuando como presidente del jurado.

Creo que esa experiencia como observador del talento publicitario me capacita para opinar que estos momentos son probablemente los más tristes de la historia de la publicidad en nuestro país. El palmarés de los más importantes premios publicitarios lo pone cada día de manifiesto.

También nos basta con ver un bloque de televisión en prime time, o una batería de propuestas promocionales a través de las redes sociales, para darnos cuenta de que el talento brilla por su ausencia. Naturalmente, en medio del panorama más gris siempre hay una chispa que brilla en solitario. pero esa chispa de talento no alcanza a disimular la tremenda mediocridad del conjunto.  Se puede decir que hay mucho más talento espontáneo en YouTube que en todas las plantillas de la industria publicitaria juntas.

La explicación de esta situación tiene que ver seguramente con muchos factores: crisis económica que impide pagar el talento, superpoblación de juniors y trainees en las agencias de publicidad, coyuntura negativa de la industria, desconcierto ante los nuevos medios, etc. etc. etc.

Lo cierto es que la publicidad para que funcione tiene que ser muy brillante. Tiene que ser capaz de enamorar a los receptores, hasta el punto de que deseen verla, compartirla y disfrutarla siempre. Cuando nos gusta la publicidad la perseguimos. Queremos ver los anuncios una y otra vez, sin importarnos que esos anuncios interrumpan nuestro programa favorito. De hecho, en las décadas de los 80 y los 90, los telespectadores afirmaban que les gustaban más los anuncios que los programas de la televisión.

Hoy día, no sólo opinan lo contrario, sino que aborrecen esos bloques interminables de anuncios que interrumpen su ocio a cada rato.

La odiosa publicidad de hoy no sólo nos aburre, sino que nos persigue allá donde vamos. La estructura clásica de los medios convencionales se ha roto en mil pedazos y los anuncios nos persiguen hasta lo más recóndito de nuestra intimidad, a través de los nuevos medios digitales.

Internet sabe todo de nosotros, gracias a la información que nosotros mismos le damos con nuestras búsquedas en Google, o con nuestros perfiles de las redes sociales. Esa información la usa para perseguirnos con saña, saliéndonos al paso cada vez que nos conectamos a la red.

Yo pienso que el tema no es irreversible, y que el talento que hoy día va a otros sectores más lucrativos, volverá a la publicidad. Espero con ilusión que podamos volver a perseguir a la publicidad, en lugar de que sea ella, en forma de pesadilla, la que nos persigue a nosotros.