En la magnífica película Bienvenido Mister Chance, el personaje que interpreta Peter Sellers asombra al gran mundo de la economía y los negocios estadounidenses, haciendo
afirmaciones como ésta: «En invierno las plantas están sin flores, los árboles sin hojas y parece que todo estuviera muerto. Pero es el momento de preparar la tierra, de sembrar,
porque después vendrán la primavera y el verano y todo florecerá de nuevo». En la sencilla alegoría meteorológica del jardinero veían los expertos la evolución de la crisis económica y
las recetas para afrontarla.
Es muy difícil, casi imposible, hacer predicciones a corto plazo sobre la fecha de desenlace de nuestra crisis particular en el sector publicitario, pero es muy fácil acertar a medio y largo
plazo, diciendo como el jardinero que, después del invierno, volverán la primavera y el verano. Porque lo que es seguro es que la publicidad tiene futuro. Un futuro tan brillante al
menos como su pasado.
La publicidad es la base del desarrollo de las marcas, que a su vez son la garantía de futuro de las empresas y, por lo tanto, la base también del desarrollo económico de
cualquier país. Por eso la publicidad seguirá siendo necesaria en el futuro. Al menos en el futuro que se enmarca en el horizonte de nuestras vidas.
Las circunstancias cambian. Cambia el estilo, la forma, las reglas de la comunicación. Cambian las estructuras y las personas. Cambian los medios y los formatos. Cambian las tecnologías. Cambian
incluso los productos y los consumidores. Pero no cambia la necesidad de comunicarse. Ni cambia el poder de la marca, o sea, el poder de la publicidad. Tampoco cambia el devenir
de las estaciones. Por eso, después del invierno, inexorablemente llegará la primavera.